Ella estaba bajo el manzano y Darl y yo cruzamos la luna y el gato salta y corre y podemos oírla dentro de la madera.
—¿Oyes? —dice Darl—. Pon la oreja cerca.
Me acerco con el oído y puedo oírla. Solo que no logro distinguir lo que dice.
—¿Qué dice, Darl? —digo—. ¿Con quién habla?
“Ella le está hablando a Dios”, dice Darl. “Lo está llamando para que la ayude”.
—¿Qué quiere que Él haga? —digo.
—Ella quiere que Él la esconda de la vista de los hombres —dice Darl.
—¿Por qué quiere esconderla de la vista de los hombres, Darl?
“Para que ella pueda dar su vida”, dice Darl.
—¿Por qué quiere ella dar su vida, Darl?
—Escucha —dice Darl—. La oímos. La oímos volverse de costado. —Escucha —dice Darl.
—Se ha dado la vuelta —digo—. Me está mirando a través de la madera.
—Sí —dice Darl.
—¿Cómo puede ver a través de la madera, Darl?
“Ven,” dice Darl. “Debemos dejarla en paz. Ven.”
“Ella no puede ver hacia afuera, porque los agujeros están arriba —digo—. ¿Cómo va a ver, Darl?”
—Vamos a ver cómo sigue Cash —dice Darl.
Y vi algo que Dewey Dell me dijo que no le dijera a nadie.
Cash tiene enfermo el pie. Le arreglamos el pie esta tarde, pero lo tiene enfermo otra vez, tumbado en la cama. Le echamos agua en el pie y entonces se siente bien.
—Me siento bien —dice Cash—. Se lo agradezco.
“Trata de dormir un poco”, decimos.
—Me siento bien —dice Cash—. Se lo agradezco.
Y vi algo que Dewey Dell me dijo que no le dijera a nadie. No es sobre papá y no es sobre Cash y no es sobre Jewel y no es sobre Dewey Dell y no es sobre mí.
Dewey Dell y yo vamos a dormir en el jergón. Está en el porche trasero, desde donde podemos ver el granero, y la luna brilla sobre la mitad del jergón y nos tumbaremos la mitad en lo blanco y la mitad en lo negro, con la luz de la luna en nuestras piernas. Y luego voy a ver dónde se quedan por la noche mientras estamos en el granero. Esta noche no estamos en el granero pero puedo ver el granero y por eso voy a averiguar dónde se quedan por la noche.
Nos tumbamos en el jergón, con las piernas en la luna.
“Mira —digo—, mis piernas se ven negras. Tus piernas también se ven negras”.
—Duérmete —dice Dewey Dell.
Jefferson queda bastante lejos.
“Dewey Dell.”
“Si ahora no es Navidad, ¿cómo será allí?”
Da vueltas y vueltas sobre la vía brillante.
Luego la vía da vueltas y vueltas, brillante.
—¿Qué habrá allí?
“Ese tren. En la ventana”.
“Tú vete a dormir. Ya verás mañana si es que sigue ahí”.
Tal vez Santa Claus no sepa que son niños de la ciudad.
“Dewey Dell.”
–Vete a dormir. No va a dejar que ninguno de esos muchachos del pueblo se quede con eso.
Estaba detrás de la ventana, roja sobre la vía, y la vía brillando una y otra vez. Me hacía doler el corazón.
Y entonces eran papá y Jewel y Darl y el muchacho del señor Gillespie. Al muchacho del señor Gillespie se le bajan las piernas por debajo del camisón. Cuando entra en la luna, sus piernas se difuminan. Siguen bordeando la casa hacia el manzano.
—¿Qué van a hacer, Dewey Dell?
Rodearon la casa hacia el manzano.
—Puedo olerla —digo—. ¿Tú también puedes olerla?
—Silencio —dice Dewey Dell—. El viento ha cambiado. Duérmete.
Y así pronto voy a saber dónde se quedan por la noche.
Vienen alrededor de la casa, cruzando el patio bajo la luna, llevándola sobre sus hombros. La llevan hacia el granero, con la luna brillando plana y silenciosa sobre ella. Luego regresan y entran a la casa de nuevo.
Mientras estaban en la luna, las piernas del muchacho del señor Gillespie se volvieron borrosas. Y entonces esperé y dije ¿Dewey Dell? y entonces esperé y luego fui a buscar dónde se quedan por la noche y vi algo que Dewey Dell me dijo que no le dijera a nadie.