I recently met with a young man who was a Christian: but he had not attained to victory over sin. He was in terrible darkness. Such an one is not fit to work for God, because he has besetting sins; and he has not the victory over his doubts, because he has not the victory over his sins.
Nadie tendrá tiempo ni ánimo para trabajar por Dios si no tiene la certeza de su propia salvación. Tienen ya bastante con qué ocuparse; y al encontrarse ellos mismos agobiados por las dudas, no pueden ayudar a otros a llevar sus cargas. No hay descanso, gozo ni paz —ni libertad, ni poder— donde existen las dudas y la incertidumbre.
Ahora parece como si hubiera tres tretas de Satanás contra las cuales debiéramos estar en guardia:
- En primer lugar, mueve todo su reino para alejarnos de Cristo;
- luego se dedica a meternos en el «Castillo de la Duda»;
- pero si, a pesar de él, tenemos un testimonio claro y resonante del Hijo de Dios, hará todo lo posible por empañar nuestra reputación y desmentir nuestro testimonio.
Algunos parecen pensar que es presunción no tener dudas; pero la duda deshonra mucho a Dios. Si alguien dijera que conoce a una persona desde hace treinta años y todavía duda de ella, no sería muy digno de crédito; y cuando conocemos a Dios desde hace diez, veinte o treinta años, ¿acaso no refleja una desconfianza en Su veracidad el dudar de Él?
¿Podrían Pablo y los primeros cristianos y mártires haber pasado por lo que pasaron si hubiesen estado llenos de dudas, y no hubiesen sabido si iban al cielo o a la perdición después de haber sido quemados en la hoguera? Debieron de haber tenido Certeza.
El Sr. Spurgeon dice: > «Nunca he oído hablar de una cigüeña que, al encontrarse con un abeto, pusiera objeciones sobre su derecho