Estaba en una reunión de indagación, hace algún tiempo, y le pasé a una señora cristiana, a quien conocía desde hacía tiempo, una que era escéptica. Al mirar alrededor poco después, noté que la indagadora se marchaba del salón. Pregunté: «¿Por qué la has dejado ir?».
«¡Oh, ella es escéptica!», fue la respuesta.
Corrí hacia la puerta y logré que se detuviera, y la presenté a otro obrero cristiano que pasó más de una hora en conversación y oración con ella. La visitó a ella y a su marido; y, en el transcurso de una semana, aquella inteligente señora se despojó de su escepticismo y se manifestó como una cristiana activa.
Requirió tiempo, tacto y oración; pero si una persona de esta clase es sincera, debemos tratarla como el Maestro quisiera que lo hiciéramos.
Aquí hay unos cuantos pasajes para los consultantes indecisos:
“Si alguno quiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina, si es de Dios, o si yo hablo por mí mismo” (Juan 7:17).
Si un hombre no está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, no conocerá la doctrina. No hay ninguna clase de escépticos que ignore el hecho de que Dios desea que abandonen el pecado; y si un hombre está dispuesto a apartarse del pecado, a aceptar la luz y a agradecerle por lo que le da, sin esperar tener luz sobre toda la Biblia de una vez, obtendrá más luz día tras día; progresará paso a paso; y será guiado directamente desde las tinieblas hacia la clara luz del cielo.
En Daniel 12:10 se nos dice:
«Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; mas los impíos procedarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán».