naturaleza de la enfermedad y molestaba a su madre. Todas las noches la niña sollozaba hasta quedarse dormida en la casa de un vecino, porque quería volver con su madre; pero la madre empeoró, y no pudieron llevar a la niña a casa. Por fin la madre murió; y tras su fallecimiento pensaron que era mejor no dejar que la niña viera a su madre muerta en el ataúd. Después del entierro, la niña corrió a una habitación gritando: «¡Mamá! ¡mamá!», y luego a otra gritando: «¡Mamá! ¡mamá!», y así recorrió toda la casa; y cuando la pequeña no pudo encontrar a ese ser querido, suplicó que la llevaran de vuelta con los vecinos. Así pues, lo que hace que el cielo sea atractivo es la idea de que veremos a Cristo, quien nos ha amado y se ha entregado a sí mismo por nosotros.
Si me preguntas por qué Dios debería amarnos, no sabría decirlo. Supongo que es porque Él es un verdadero Padre. Es su naturaleza amar; tal como es la naturaleza del sol brillar.
Él quiere que participes de ese amor.
- No dejes que la incredulidad te aleje de Él.
- No pienses que, por ser un pecador, Dios no te ama, o no se preocupa por ti.
¡Sí lo hace! Él quiere salvarte y bendecirte.
“Cuando aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos” (Romanos 5:6).
¿No es eso suficiente para convencerte de que te ama? Él no habría muerto por ti si no te hubiera amado. ¿Es tu corazón tan duro como para resistir su amor, y desdeñarlo y despreciarlo? Puedes hacerlo; pero será bajo tu propio riesgo.