costumbre: cuando su nieta, sin mirar si su deseo había sido complacido, lo llevó al mismo rincón, donde vio escrito de la misma manera: «Abuelo, te agradezco por la caja de pinturas». El anciano no se habría perdido complacer a la niña por nada del mundo. Eso era fe.
La fe es tomar a Dios por Su Palabra; y aquellas personas que quieren alguna señal siempre se meten en problemas. Debemos llegar a esto: Dios lo dice, creámoslo.
Pero algunos dicen que la fe es el don de Dios.
También lo es el aire; pero hay que respirarlo. También lo es el pan; pero hay que comerlo. También lo es el agua; pero hay que beberla.
Algunos buscan una clase milagrosa de sentimiento. Eso no es fe.
“La fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17).
De ahí es de donde viene la fe. No me corresponde a mí sentarme a esperar que la fe venga invadiéndome con una extraña sensación; sino que me corresponde creerle a Dios por Su Palabra. Y no puedes creer, a menos que tengas algo en qué creer.
Así que toma la Palabra tal como está escrita, apropiate de ella y aférrate a ella.