antes prefiero desprender de mí a todo el mundo, y a todo lo que este contiene, que a Ti, mi Salvador. Y, ¡gracias a Dios!, sé que Tú tampoco puedes ni quieres prescindir de mí. Tú eres rico; y yo soy pobre. Tú tienes abundancia; y yo estoy necesitado. Tú tienes justicia; y yo pecados. Tú tienes vino y aceite; y yo llagas. Tú tienes tónicos y refrigerios; y yo hambre y sed.
“Úsame, pues, mi Salvador, para cualquier propósito y de cualquier manera que requieras.
He aquí mi pobre corazón, un vaso vacío; llénalo con Tu gracia.
He aquí mi alma pecaminosa y turbada; vivifícala y refréscala con Tu amor.
Toma mi corazón por morada Tuya; mi boca para proclamar la gloria de Tu nombre; mi amor y todas mis facultades, para el progreso de Tu pueblo creyente; y no permitas jamás que la firmeza y la confianza de mi fe disminuyan, de modo que en todo tiempo pueda decir desde el fondo del corazón:
‘Jesús me necesita, y yo a Él; y así nos complementamos’ ”.