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nydus/The Way to God and How to Find ItPublic
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IX. Recaída

hijo!”. Pienso que fue la ruina, más que la muerte de su hijo, lo que le causó semejante

Recuerdo haber estado conversando hace algunos años, hasta pasada la medianoche, con un anciano. Había estado durante años deambulando por las áridas montañas del pecado. Esa noche quería regresar. Oramos, y oramos, y oramos, hasta que la luz amaneció en su interior; y se marchó regocijándose.

La noche siguiente se sentó frente a mí mientras predicaba, y creo que nunca en toda mi vida vi a nadie con un aspecto tan triste y desgraciado. Me siguió a la sala de consejería.

«¿Cuál es el problema? —le pregunté—. ¿Tiene puesta la mirada fuera del Salvador? ¿Han regresado sus dudas?».

«No; no es eso —dijo—. No fui al trabajo, sino que pasé todo el día visitando a mis hijos. Todos están casados y viven en esta ciudad. Fui de casa en casa, pero no hubo uno solo que no se burlara de mí. Es el día más oscuro de mi vida. He despertado a la realidad de lo que he hecho. Traje a mis hijos al mundo; y ahora no puedo sacarlos de él».

El Señor le había devuelto el gozo de su salvación; sin embargo, quedaba la amarga consecuencia de su transgresión. Podéis repasar vuestra propia experiencia; y podréis encontrar ejemplos así repetidos una y otra vez.

Muchos de los que llegaron a vuestra ciudad hace años sirviendo a Dios, en su prosperidad le han olvidado: ¿y dónde están sus hijos y sus hijas? Mostradme al padre y a la madre que han abandonado al Señor y han vuelto a los rudimentos pobres y elementales del mundo; y me equivoco mucho si sus hijos no van rumbo a la perdición.

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