O supongamos que estoy herido en tres o cuatro lugares y consigo un remedio para una sola herida: si se descuidan las otras dos o tres heridas, mi vida no tardará en extinguirse. El verdadero Arrepentimiento no consiste meramente en romper con este o aquel pecado en particular.
Pues bien, preguntaréis vosotros, ¿qué es el Arrepentimiento? Os daré una buena definición: ¡es un «¡media vuelta!»!
En la lengua irlandesa, la palabra «Arrepentimiento» significa aún más que «¡media vuelta!». Implica que un hombre que ha estado caminando en una dirección no solo se ha vuelto, sino que en realidad está caminando en una dirección exactamente contraria. «Convertíos, convertíos; ¿por qué moriréis?».
Un hombre puede tener poco sentimiento o mucho sentimiento; pero si no se aparta del pecado, Dios no tendrá misericordia de él.
El Arrepentimiento también ha sido descrito como «un cambio de parecer». Por ejemplo, está la parábola contada por Cristo: «Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero» (Mateo 21:28–29).
Después de haber dicho «No quiero», lo pensó mejor y cambió de parecer. Tal vez se dijo a sí mismo: «No le hablé con mucho respeto a mi padre. Me pidió que fuera a trabajar y le dije que no iría. Creo que me equivoqué».
Pero supongamos que solo hubiera dicho esto y aun así no hubiera ido, no se habría arrepentido. No solo estaba convencido de que se había equivocado, sino que se fue a los campos a azadonar, a segar o lo que fuere. Esa es la definición de arrepentimiento según Cristo.
Si un hombre dice: «Por la gracia de Dios abandonaré mi pecado y haré su voluntad», eso es el Arrepentimiento: un giro radical.