salvación no merezca la pena de ser trabajada. Admitimos todo eso. Si hubiera ríos y montañas en el camino, valdría mucho la pena cruzar nadando esos ríos y escalar esas montañas. No cabe duda de que la salvación vale todo ese esfuerzo; pero no la obtenemos por nuestras obras. Es «al que no obra, sino cree» (Romanos 4:5).
Trabajamos porque somos salvos; no trabajamos para ser salvos. Trabajamos desde la cruz, pero no hacia ella.
Está escrito: «Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor» (Filipenses 2:12). Vaya, uno debe tener su salvación antes de poder ocuparse de ella.
Supongamos que le digo a mi hijito: «Quiero que gastes esos cien dólares con cuidado». «Bueno —dice él—, dame los cien dólares; y tendré cuidado en cómo los gasto». Recuerdo cuando salí de casa por primera vez y fui a Boston; me había gastado todo el dinero, y fui