Una persona que sostenía ese punto de vista estaba en la sala de consultas una noche; y le llamé la atención sobre Romanos 6:23. «La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro». ¿Cuánto se tarda en aceptar un regalo? Debe haber un momento en el que no lo tienes y otro en el que sí lo tienes; un momento en el que es de otro, y el siguiente en el que es tuyo. No se tarda seis meses en obtener la vida eterna. Sin embargo, en algunos casos puede ser como el grano de mostaza, muy pequeño al principio. Algunas personas se convierten de manera tan gradual que, como la luz de la mañana, es imposible saber cuándo comenzó el alba; mientras que, en otras, es como el destello de un meteoro, y la verdad irrumpe en ellas de repente.
No cruzaría la calle para demostrar cuándo me convertí; pero lo importante es saber que realmente lo he sido.
Puede que un niño haya sido educado con tanto esmero que sea imposible saber cuándo comenzó el nuevo nacimiento; pero tiene que haber habido un momento en que se produjo el cambio, y en que pasó a ser partícipe de la naturaleza divina.
Algunos no creen en la conversión repentina. Pero reto a cualquiera a que muestre una conversión en el Nuevo Testamento que no haya sido instantánea. «Mientras Jesús pasaba, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: “Sígueme”; y levantándose, le siguió» (Mateo 9:9). Nada podría ser más repentino que eso.
Zaqueo, el publicano, procuraba ver a Jesús; y como era pequeño de estatura, subió a un árbol. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, miró hacia arriba y le vio, y le dijo: «Zaqueo, date prisa, desciende» (Lucas 19:5).