Cristo dijo que «no ha venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento».
¿Eres pecador? Entonces el llamado al arrepentimiento va dirigido a ti.
Ocupa tu lugar en el polvo a los pies del Salvador y reconoce tu culpa. Di, como el publicano de antaño: «¡Dios, ten misericordia de mí, pecador!», y mira cuán pronto te perdonará y te bendecirá.
Incluso te justificará y te considerará justo, en virtud de la justicia de aquel que llevó tus pecados en su propio cuerpo sobre la cruz.
Hay algunos tal vez que se creen justos; y que, por tanto, no hay necesidad de que se arrepientan y crean en el Evangelio. Son como el fariseo de la parábola, que daba gracias a Dios por no ser como los demás hombres: «extorsionadores, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano»; y que continuaba diciendo: «Ayuno dos veces a semana, doy diezmos de todo lo que gano». ¿Cuál es el juicio sobre tales personas autojustas? «Os digo que este hombre [el pobre, contrito y arrepentido publicano] descendió a su casa justificado antes que el otro» (Lucas 18:11–14). «No hay justo, ni aun uno». «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:10, 23). Que nadie diga que no necesita arrepentirse. Que cada uno tome su