morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos” (2 Corintios 5:1).
Mirad a Romanos 8:32:
«El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?».
Si nos dio a su Hijo, ¿no nos dará la certeza de que él es nuestro? He oído esta ilustración. Había un hombre que debía 10.000 dólares y se habría arruinado, pero un amigo se presentó y pagó la suma. Se descubrió después que debía unos pocos dólares más; ni por un momento abrigó la duda de que, como su amigo había pagado la mayor cantidad, pagaría también la menor.
Y tenemos plena garantía para decir que si Dios nos ha dado a su Hijo, también con él nos dará libremente todas las cosas; y si queremos comprender nuestra salvación más allá de toda controversia, él no nos dejará en tinieblas.
De nuevo en el versículo 33: > “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas para el matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que