El siguiente paso en la caída de Pedro fue que se durmió. Si Satanás puede arrullar a la Iglesia hasta hacerla dormir, hace su obra a través del pueblo mismo de Dios. En vez de que Pedro velara una corta hora en Getsemaní, se durmió, y el Señor le preguntó: «¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?» (Mateo 26:40).
Lo siguiente fue que luchó en la energía de la carne. El Señor lo reprendió de nuevo y dijo: «Todos los que tomen espada, a espada perecerán» (Mateo 26:52). Jesús tuvo que deshacer lo que Pedro había hecho.
Lo siguiente, «siguió de lejos». Paso a paso se va alejando. Es una cosa triste cuando un hijo de Dios sigue de lejos. Cuando lo ves asociándose con amigos mundanos, y arrojando su influencia del lado equivocado, está siguiendo de lejos; y no pasará mucho tiempo antes de que se deshonre el viejo nombre de familia, y Jesucristo sea herido en la casa de sus amigos. El hombre, con su ejemplo, hará que otros tropiecen y caigan.
Lo siguiente—Pedro se muestra familiar y amistoso con los enemigos de Cristo. Una criada le dice a este atrevido Pedro: «Tú también estabas con este Jesús de Galilea». Pero él negó delante de todos, diciendo: «No sé qué dices». Y saliendo al portal, le vio otra y dijo a los que estaban allí: «También este estaba con Jesús de Nazaret». Y negó otra vez con juramento: «No conozco al Hombre». Pasó como una hora, y aún no caía en la cuenta de su situación, cuando otro afirmaba con seguridad que era galileo, pues su manera de hablar le delataba. Y él se enojó y comenzó a maldecir y a jurar, y de nuevo negó a su Maestro: y el gallo cantó (Mateo 26:69–74).
Empieza allá arriba, en el pináculo de la presunción, y baja paso a paso hasta que rompe a maldecir y jura que jamás conoció a su Señor.
El Maestro podría haberse vuelto y le habría dicho: «¿Es verdad, Pedro, que me has olvidado tan pronto? ¿No te acuerdas de cuando la suegra de