Jehová, y pleitearé con los hijos de vuestros hijos. […] Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”.
Ahora hay una cosa a la que deseamos llamar la atención de los apóstatas; y es que el Señor nunca los desamparó a ellos; ¡sino que ellos lo desampararon a Él! ¡El Señor nunca los dejó a ellos; sino que ellos lo dejaron a Él! ¡Y esto, además, sin causa alguna!
Él dice: «¿Qué maldad hallaron vuestros padres en mí, que se alejaron de mí?».
¿No es Dios el mismo hoy que cuando viniste a Él por primera vez? ¿Ha cambiado Dios? Los hombres son propensos a pensar que Dios ha cambiado; pero la culpa es de ellos.
Apóstata, te preguntaría: «¿Qué iniquidad hay en Dios, para que le hayas dejado y te hayas alejado de Él?».
Os habéis, dice Él, cavado cisternas rotas que no retienen agua.
- El mundo no puede satisfacer la nueva naturaleza.
- Ningún pozo terrenal puede satisfacer al alma que ha llegado a ser partícipe de la naturaleza celestial.
- La honra, la riqueza y los placeres de este mundo no satisfarán a aquellos que, habiendo probado el agua de la vida, se han descarriado, buscando refresco en las fuentes del mundo.
Los pozos terrenales se secarán. No pueden calmar la sed espiritual.
Nuevamente en el versículo 32: > “¿Se olvidará la virgen de sus adorno, o la novia de sus atavíos? Pues mi pueblo se ha olvidado de mí, por días sin