“Por mi parte, mi alma es como un niño hambriento y sediento; y necesito Su amor y consolación para mi refrigerio. Soy una oveja extraviada y perdida; y lo necesito a Él como un pastor bueno y fiel. Mi alma es como una paloma asustada perseguida por el gavilán; y necesito Sus llagas para refugio. Soy una vid débil; y necesito Su cruz para asirme de ella y enredarme a su alrededor. Soy un pecador; y necesito Su justicia. Estoy desnudo y despojado; y necesito Su santidad e inocencia como abrigo. Soy ignorante; y necesito Su enseñanza: simple y necio; y necesito la guía de Su Espíritu Santo. En ninguna situación, y en ningún momento, puedo prescindir de Él. ¿Oro? Él debe inspirarme e interceder por mí. ¿Soy acusado por Satanás ante el tribunal divino? Él debe ser mi Abogado. ¿Estoy en aflicción? Él debe ser mi Ayudador. ¿Soy perseguido por el mundo? Él debe defenderme. Cuando sea abandonado, Él debe ser mi Sostén; cuando esté muriendo, mi vida; cuando me desvanezca en la tumba, mi Resurrección. Pues bien,
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VIII. Cristo todo y en todo
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