en el cual examinó una vez más la habitación; pero, al no ver el rostro de su padre, puso cara muy triste y reanudó lentamente su tarea. Una vez más llamé: «¡Maggie!», y entonces, soltando sus juguetes y rompiendo a llorar, extendió los brazos hacia la dirección de donde procedía el sonido, sabiendo que, aunque no podía verlo, su padre tenía que estar allí, porque conocía su voz”.
Ahora, tenemos poder para ver y para oír, y tenemos poder para creer. Es una tontería que los investigadores adopten la postura de que no pueden creer. Pueden, si quieren. Pero el problema con la mayoría de las personas es que han conectado el sentir con el creer. Ahora bien, el Sentir no tiene absolutamente nada que ver con el Creer. La Biblia no dice: Él que siente, o él que siente y cree, tiene vida eterna. Nada de eso. No puedo controlar mis sentimientos. Si pudiera, nunca me sentiría mal, ni tendría dolor de cabeza o de muelas. Estaría bien todo el tiempo. Pero sí puedo creer a Dios; y si ponemos nuestros pies sobre esa roca, que vengan las dudas y los temores y las olas se agiten a nuestro alrededor, el ancla se mantendrá firme.
Algunos se pasan el tiempo mirando su fe. La fe es la mano que recibe la bendición. Oí esta ilustración sobre un mendigo. Supongamos que te encuentras en la calle con un hombre a quien has conocido durante años por mendigar habitualmente; y le ofreces algo de dinero, y él te dice: «Te lo agradezco; no quiero tu dinero: no soy un mendigo». «¿Cómo es eso?». «Anoche un hombre puso mil dólares en mis manos». «¡Lo hizo! ¿Cómo supiste que era dinero bueno?». «Lo llevé al banco, lo deposité y me dieron una libreta de ahorros». «¿Cómo obtuviste este regalo?». «Pedí limosna; y después de que el caballero habló conmigo, sacó mil dólares en efectivo y los puso en mi mano». «¿Cómo sabes que los puso en la mano correcta?». «Qué me importa en qué mano, con tal de que tenga el dinero». Mucha gente siempre está pensando si la fe con la que se aferran a Cristo es la clase correcta, pero lo que es mucho más esencial es ver que tenemos la clase correcta de Cristo.