Ahora observad: según la ley judía, si un hombre era blasfemo debía ser condenado a muerte; y suponiendo que Cristo sea meramente humano, si esto no es una blasfemia, no sé dónde la encontraréis.
“El que no honra al Hijo, no honra al Padre”.
Eso es pura y simple blasfemia si Cristo no es divino. Si Moisés, o Elías, o Eliseo, o cualquier otro mortal hubiera dicho: “Debéis honrarme como honráis a Dios”, y se hubiera puesto al nivel de Dios, habría sido pura y simple blasfemia.
Los judíos dieron muerte a Cristo porque decían que Él no era lo que afirmaba ser. Fue sobre la base de ese testimonio que se le impuso juramento.
El sumo sacerdote dijo: «Te conjuro por el Dios vivo, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios» (Mateo 26:63).
Y cuando los judíos le rodearon y le dijeron: «¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús respondió: «Yo y el Padre uno somos». Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. (Juan 10:24–33).
Decían que no querían oír más, porque eso era blasfemia. Fue por declararse a sí mismo como el Hijo de Dios que fue condenado y muerto. (Mateo 26:63–66).
Ahora bien, si Jesucristo hubiera sido un mero hombre, los judíos habrían actuado correctamente, según su ley, al darle muerte. En Levítico 24:16, leemos:
«Y el que blasfeme el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfema el Nombre, muera.»