cree al que Me envió, tiene—tiene—vida eterna, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a
Ahora bien, si una persona realmente oye la palabra de Jesús y cree de corazón en Dios que envió al Hijo para ser el Salvador del mundo, y se aferra a esta gran salvación y se la apropia, no hay temor de juicio. No aguardará con pavor el Gran Trono Blanco; pues leemos en 1 Juan 4:17:
“En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.”
Si creemos, no hay para nosotros condenación ni juicio. Eso ha quedado atrás y ha pasado; y tendremos confianza en el día del juicio.
Recuerdo haber leído acerca de un hombre que estaba siendo juzgado por su vida. Tenía amigos influyentes, y consiguieron para él un indulto del rey con la condición de que se sometiera al juicio y fuera condenado. Entró en el tribunal con el indulto en el bolsillo.
Los ánimos estaban muy encendidos en su contra, y el juez dijo que el tribunal estaba escandalizado de que estuviera tan despreocupado. Pero, cuando se pronunció la sentencia, sacó el indulto, lo presentó y salió libre.
Él ha sido indultado; y nosotros también. Que venga entonces la muerte, no tenemos nada que temer.
Todos los sepultureros del mundo no pueden cavar una tumba lo suficientemente grande y profunda como para contener la vida eterna; todos los fabricantes de ataúdes del mundo no pueden hacer un ataúd lo suficientemente grande y hermético como para contener la vida eterna.
La muerte ha puesto su mano sobre Cristo una vez, pero jamás lo volverá a hacer.