Cristo todo y en todo
Aquí no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro, escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.
Cristo es para nosotros todo lo que nosotros hacemos que Él sea. Quiero enfatizar esa palabra «todo».
Algunos hombres hacen que Él sea «como raíz de tierra seca», «sin atractivo ni hermosura». Él no es nada para ellos; no lo quieren.
Algunos cristianos tienen un Salvador muy pequeño, pues no están dispuestos a recibirlo plenamente y a dejar que haga cosas grandes y poderosas por ellos.
Otros tienen un Salvador poderoso, porque hacen que Él sea grande y poderoso.
Si hemos de saber lo que Cristo quiere ser para nosotros, debemos ante todo conocerlo como nuestro Salvador del pecado. Cuando el ángel bajó del cielo para proclamar que Él iba a nacer en el mundo, recordarán que dio Su nombre: «Se llamará Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». ¿Hemos sido librados del pecado? Él no vino a salvarnos en nuestros pecados, sino de nuestros pecados. Ahora bien, hay tres maneras de conocer a un hombre. A algunos hombres los conocen solo de oídas; a otros los conocen simplemente por haber sido presentados a ellos una vez, los conocen muy