Cristo es un tierno Pastor. Quizá a veces pienses que no ha sido un Pastor muy tierno contigo; estás pasando bajo la vara. Está escrito: «Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo» (Hebreos 12:6). El hecho de que estés pasando bajo la vara no es prueba de que Cristo no te ame.
Un amigo mío perdió a todos sus hijos. Ningún hombre podría haber amado más a su familia; pero la escarlatina se los llevó uno a uno; y así los cuatro o cinco, uno tras otro, murieron.
Los pobres y desconsolados padres cruzaron a Gran Bretaña, y vagaron de un lugar a otro, allí y en el continente. Al fin llegaron a Siria.
Un día vieron a un pastor oriental bajar a un arroyo y llamar a su rebaño para que cruzara. Las ovejas bajaron a la orilla y miraron el agua; pero parecían rehuirla, y él no lograba que respondieran a su llamado.
Luego tomó un corderito, se lo puso bajo un brazo; tomó otro cordero y se lo puso bajo el otro brazo, y así entró en el corriente.
Las ovejas viejas ya no se quedaron mirando el agua: se precipitaron tras el pastor; y en pocos minutos todo el rebaño estuvo al otro lado; y él se los llevó hacia pastos más nuevos y frescos.
El padre y la madre afligidos, al contemplar la escena, sintieron que esta les impartía una lección. Ya no murmuraban porque el Gran Pastor se hubiera llevado a sus corderos uno por uno a aquel mundo; y comenzaron a mirar hacia arriba y a aguardar el momento en que se reunirían con los seres queridos que habían perdido.
Si tienes seres queridos que se han adelantado, recuerda que tu Pastor te está llamando a «poner la mira en las cosas de arriba» (Colosenses 3:2).
Seamos fieles a Él y sigámosle mientras permanezcamos en este mundo.
Y si no lo has tomado como tu Pastor, hazlo hoy mismo.