de mí, declaró, tras realizar un reconocimiento, que el hombre debía de llevar muerto dos días enteros. En su bolsillo llevaba una botella, cuidadosamente corchada y vacía a excepción de un pequeño rollo de papel, que resultó ser el apéndice del diario de a bordo. El guardacostas afirmó que el hombre debía de haberse atado las manos él mismo, ajustando los nudos con los dientes.
El hecho de que un guardacostas fuera el primero en subir a bordo tal vez evite algunas complicaciones más adelante en el Tribunal del Almirantazgo; pues los guardacostas no pueden reclamar el rescate que constituye el derecho del primer civil que entra en una embarcación abandonada. Ya, sin embargo, las lenguas de los legistas se menean, y un joven estudiante de derecho afirma a gritos que los derechos del propietario ya están completamente sacrificados, y que su propiedad se retiene en contravención de los estatutos de amortización, dado que la caña del timón, en calidad de emblema, si no de prueba, de posesión delegada, se halla en una mano muerta.
Huelga decir que el difunto timonel ha sido retirado con toda reverencia del lugar donde mantuvo su honorable guardia y custodia hasta la muerte—una firmeza tan noble como la del joven Casabianca—y depositado en el depósito de cadáveres a la espera de la autopsia.
Ya está pasando la repentina tormenta y su ferocidad va disminuyendo; las multitudes se dispersan hacia sus hogares y el cielo comienza a enrojecer sobre los páramos de Yorkshire. Enviaré, a tiempo para su próximo número, más detalles sobre el barco abandonado que encontró su camino tan milagrosamente en el puerto durante la tormenta.
Whitby . 9 de agosto. —La continuación de la extraña llegada del barco abandonado en la tormenta de anoche es casi más sorprendente que el suceso en sí. Resulta ser que la goleta es rusa, procedente de Varna, y se llama el Demeter . Viene casi en su totalidad con lastre de arena blanca, y