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Diario de Jonathan Harker

montones de polvo; en la tercera, sin embargo, hice un descubrimiento. > > ¡Allí, en una de las grandes cajas, de las cuales había cincuenta en total, sobre un montón de tierra recién cavada, yacía el Conde! Estaba muerto o dormido, no sabría decir cuál⁠ —pues tenía los ojos abiertos y vidriosos, pero sin la turbidez de la muerte⁠—, y las mejillas conservaban la calidez de la vida a través de toda su palidez; los labios estaban tan rojos como siempre. Pero no había señal de movimiento, ni pulso, ni aliento, ni latido de corazón. Me incliné sobre él e intenté encontrar cualquier signo de vida, pero en vano. No podía haber yacido allí mucho tiempo, pues el olor a tierra habría desaparecido en pocas horas. Al lado de la caja estaba su tapa, perforada aquí y allá con agujeros. Pensé que tal vez tendría las llaves encima, pero cuando fui a registrarle vi los ojos muertos y en ellos, muertos aunque estuvieran, una mirada de odio tal, aunque ajena a mí o a mi presencia, que huí del lugar y, saliendo de la habitación del Conde por la ventana, trepé de nuevo por el muro del castillo. Al

29 June. ⁠—Today is the date of my last letter, and the Count has taken steps to prove that it was genuine, for again I saw him leave the castle by the same window, and in my clothes. As he went down the wall, lizard fashion, I wished I had a gun or some lethal weapon, that I might destroy him; but I fear that no weapon wrought alone by man’s hand would have any effect on him. I dared not wait to see him return, for I feared to see those weird sisters. I came back to the library, and read there till I fell asleep. I was awakened by the Count, who looked at me as grimly as a man can look as he said:⁠—

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