Pero tú eres abogado y el Colegio de Abogados podría decirte que deberías haber sabido comportarte mejor. > > Yo me opuse a la idea de no compartir ningún peligro, ni siquiera el de la mala fama, pero él prosiguió: > > —Además, llamará menos la atención si no somos tantos. Mi título arreglará las cosas con el cerrajero y con cualquier policía que aparezca por allí. Será mejor que vayas con Jack y el profesor y os quedéis en Green Park, en algún lugar desde donde se vea la casa; y cuando veáis que se abre la puerta y el cerrajero se haya ido, cruzáis todos. Estaremos atentos para recibiros y os dejaremos pasar. > > —¡El consejo es bueno! —dijo Van Helsing, así que no dijimos más. > > Godalming y Morris se apresuraron a marchar en un coche de alquiler, mientras nosotros les seguíamos en otro. En la esquina de Arlington Street nuestro contingente se bajó y se adentró paseando en Green Park. El corazón me latía con fuerza al ver la casa en la que se centraba gran parte de nuestra esperanza, erguida, lúgubre y silenciosa en su abandono entre vecinos de aspecto más animado y pulcro. Nos sentamos en un banco con buena vista y empezamos a fumar puros para llamar lo menos posible la atención. Los minutos parecían transcurrir con pies de plomo mientras esperábamos la llegada de los otros. > > Al fin vimos llegar un carruaje de cuatro ruedas. De él bajaron con calma lord Godalming y Morris, y del pescante descendió un obrero fornido con su cesta de herramientas de mimbre. Morris le pagó
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Diario de Jonathan Harker
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