procuradores, tenemos un sistema de representación recíproca, de modo que el trabajo local puede realizarse localmente por encargo de cualquier procurador, de modo que el cliente, con solo ponerse en manos de una sola persona, puede ver cumplidos sus deseos por medio de esta sin más trámites. > > —Pero —dijo—, yo podría tener la libertad de dirigirme por mí mismo. ¿No es así? > > —Desde luego —repliqué—; y muchos hombres de negocios obran a menudo de este modo, pues no les gusta que una sola persona conozca la totalidad de sus asuntos. > > —¡Bien! —dijo, y a continuación prosiguió preguntando sobre los medios para realizar envíos, las formalidades que debían cumplirse y toda suerte de dificultades que pudieran surgir, pero contra las cuales se pudiera prever con antelación. Le expliqué todas estas cosas lo mejor que supe, y sin duda me dejó con la impresión de que habría sido un procurador extraordinario, pues no hubo nada en lo que no reparara o que no previera. Para un hombre que nunca había estado en el país y que al parecer no se dedicaba mucho a los negocios, sus conocimientos y su agudeza eran asombrosos. Cuando se hubo cerciorado de estos puntos de los que había hablado, y yo hube verificado todo lo posible con los libros disponibles, se levantó de repente y dijo:— > > —¿Ha escrito desde su primera carta a nuestro amigo el señor Peter Hawkins, o a cualquier otro? —Respondí con cierta amargura en el corazón que no, que
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III. Diario de Jonathan Harker
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