y debemos trabajar de tal modo que otras almas pobres no perezcan, mientras podamos salvarlas. Los nosferatu no mueren como la abeja cuando pica una vez. Él solo se vuelve más fuerte; y al ser más fuerte, tiene aún más poder para obrar el mal. Este vampiro que está entre nosotros es por sí mismo tan fuerte en persona como veinte hombres; posee una astucia más que mortal, pues su astucia es el fruto de los siglos; cuenta aún con las ayudas de la necromancia, que es, como su etimología implica, la adivinación por medio de los muertos, y todos los muertos a los que puede acercarse están a sus órdenes; es bruto, y más que bruto; es un demonio empedernido, y carece de corazón; puede, dentro de ciertos límites, aparecer a voluntad cuándo, dónde y en cualquiera de las formas que le son propias; puede, dentro de su radio de acción, dominar los elementos: la tormenta, la niebla, el trueno; puede ordenar a todas las criaturas inferiores: la rata, el búho y el murciélago—la polilla, el zorro y el lobo—; puede crecer y volverse pequeño; y a veces puede desvanecerse y venir sin ser visto. ¿Cómo vamos entonces a iniciar nuestro golpe para destruirlo? ¿Cómo hallaremos su paradero; y una vez hallado, cómo podremos destruirlo? Mis amigos, esto es mucho; es una tarea terrible la que emprendemos, y puede haber consecuencias capaces de hacer estremecer al más valiente. Pues si fracasamos en esta nuestra lucha, él vencerá sin duda; ¿y dónde acabaríamos entonces? La vida no es nada; no hago caso de él. Pero fracasar aquí no es mera cuestión de vida o muerte. Consiste en que nos volvamos como él; en que de ahí en adelante nos convirtamos en inmundas criaturas de la noche semejantes a él—sin corazón ni conciencia, devorando los cuerpos y las almas de aquellos a
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XVIII. Diario del Dr. Seward
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