CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Page 232 of 536
Table of Contents

XII. Diario del Dr. Seward

frente y tenían la cara encendida, como si hubieran hecho un esfuerzo violento. Antes de que pudiera alcanzarlo, el paciente se abalanzó sobre ellos y, tirando de uno de baja del carro, empezó a golpearle la cabeza contra el suelo. Si no lo hubiera agarrado justo en ese momento, creo que habría matado al hombre allí mismo. El otro sujeto saltó y le dio un golpe en la cabeza con la culata de su pesado látigo. Fue un golpe terrible; pero pareció no importarle, pues lo agarró también a él y forcejeó con los tres, arrastrándonos de un lado a otro como si fuéramos gatitos. Sabe usted que yo no soy precisamente ligero, y los otros dos eran hombres fornidos. Al principio luchó en silencio; pero cuando empezamos a dominarlo y los celadores le pusieron la camisa de fuerza, comenzó a gritar: «¡Los frustraré! ¡No me robarán! ¡No me asesinarán poco a poco! ¡Lucharé por mi Señor y Amo!», y toda clase de divagaciones incoherentes por el estilo. Con muchísimo esfuerzo lograron llevarlo de vuelta a la casa y meterlo en la celda acolchada. A uno de los celadores, Hardy, se le rompió un dedo. En fin, ya se lo he colocado bien y va recuperándose favorablemente. > > “Los dos transportistas protestaron al principio a gritos, amenazando con interponer demandas por daños y perjuicios y prometiendo hacernos caer todo el peso de la ley. Sus amenazas, sin embargo, se mezclaban con una especie de disculpa indirecta por haber sido derrotados los dos por un loco endeble. Decían que, de no ser por el esfuerzo que habían gastado en cargar y subir las pesadas cajas al carro, habrían acabado con él en un abrir y cerrar de ojos. Como otra razón de su derrota adujeron el extraordinario estado de sequía al que se habían visto reducidos por la

232