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nydus/Heart of DarknessPublic
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I

días. ¡Santo cielo! ¡Y yo iba a hacerme cargo de un vaporcito fluvial de tres al cuarto con un silbato de hojalata incorporado! Al parecer, sin embargo, yo era también uno de los Trabajadores, con mayúscula, ya sabes. Algo así como un emisario de la luz, algo así como una especie de apóstol de categoría inferior. Por entonces se había soltado un montón de patrañas semejantes en la prensa y en las conversaciones, y la excelente mujer, que vivía en pleno torbellino de toda esa farsa, se dejó arrastrar. Habló de «destetar a esos millones de ignorantes de sus horribles costumbres», hasta que, palabra, me hizo sentir bastante incómodo. Me atreví a insinuar que la Compañía funcionaba por motivos de lucro.

—«Olvidas, querido Charlie, que el obrero es digno de su salario», dijo ella, alegremente. Es curioso cuán desconectadas de la verdad están las mujeres. Viven en un mundo propio, y nunca ha habido nada igual, ni jamás podrá haberlo. Es un mundo demasiado hermoso en conjunto, y si llegaran a levantarlo, se vendría abajo antes de la primera puesta de sol. Algún maldito hecho con el que los hombres hemos estado conviviendo pacíficamente desde el día de la creación aparecería de la nada y echaría todo por tierra.

“Después de esto me abrazaron, me dijeron que usara franela, que no dejara de escribir a menudo y todo eso, y me fui. En la calle —no sé por qué— tuve la extraña sensación de que era un impostor. Es curioso que yo, que solía marcharme a cualquier parte del mundo con veinticuatro horas de aviso, con menos premeditación de la que la mayoría de los hombres dedica a cruzar una calle, tuviera un momento —no diré de vacilación, pero sí de pausa sobresaltada— ante este asunto tan corriente. La mejor manera de explicárselo es diciéndoles que, durante uno o dos segundos, sentí como si, en vez de ir al centro de un continente, estuviera a punto de partir hacia el centro de la tierra.

“Me fui en un vapor francés, y tocó en todos los malditos puertos que tienen por allí, según pude ver, con el único propósito de desembarcar

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