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nydus/Heart of DarknessPublic
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I

rápidamente y, con una amplia, blanca y pícara sonrisa, y una mirada a sus prisioneros, pareció hacerme partícipe de su encumbrada misión. Al fin y al cabo, yo también formaba parte de la gran causa de estos elevados y justos procedimientos.

«En vez de subir, di media vuelta y descendí hacia la izquierda. Mi idea era dejar que aquella cuadrilla de forzados se perdiera de vista antes de subir la colina. Ya sabéis que no soy particularmente delicado; he tenido que golpear y defenderme. He tenido que resistir y a veces atacar —eso no es más que otra forma de resistencia— sin calcular el coste exacto, según las exigencias del tipo de vida en el que había tropezado. He visto al diablo de la violencia, y al diablo de la codicia, y al diablo del deseo ardiente; pero, ¡por todas las estrellas!, ¡esos eran demonios fuertes, vigorosos, de ojos rojos, que dominaban y arrastraban a los hombres —a los hombres, os lo digo yo! Pero, mientras estaba de pie en aquella ladera, preví que bajo el sol cegador de aquella tierra llegaría a conocer al diablo flácido, pretencioso y cegato de una insensatez rapaz y despiadada. Lo insidioso que podía llegar a ser también, solo iba a descubrirlo varios meses más tarde y mil millas más allá. Por un momento me quedé estupefacto, como si se tratara de una advertencia. Finalmente descendí la colina, en diagonal, hacia los árboles que había visto».

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