otro mapa que se ve por transparencia, y resulta todo bastante confuso, sobre todo porque nada se queda quieto.
Por supuesto, los Nunca Jamás varían bastante.
- El de John, por ejemplo, tenía una laguna sobre la cual volaban flamencos a los que John disparaba, mientras que Michael, que era muy pequeño, tenía un flamenco sobre el cual volaban lagunas.
- John vivía en un bote invertido sobre la arena, Michael en un tipi, Wendy en una casa de hojas hábilmente cosidas entre sí.
- John no tenía amigos, Michael tenía amigos por la noche, Wendy tenía un lobo de mascota abandonado por sus padres;
pero en conjunto los Nunca Jamás tienen un parecido familiar, y si se pusieran quietos en fila se podría decir de ellos que tienen la nariz del otro, y así sucesivamente.
En estas costas mágicas los niños que juegan varan por siempre sus coracas. Nosotros también hemos estado allí; todavía podemos oír el sonido del oleaje, aunque no volveremos a desembarcar.
De todas las islas deleitables, el País de Nunca Jamás es la más acogedora y compacta; no es grande y desparramada, ya sabes, con distancias tediosas entre una aventura y otra, sino agradablemente abarrotada.
Cuando juegas a él de día con las sillas y el mantel, no resulta en absoluto alarmante, pero en los dos minutos antes de irte a dormir se vuelve casi real. Por eso existen las lucecitas de noche.
De vez en cuando, en sus incursiones por las mentes de sus hijos, la señora Darling encontraba cosas que no podía entender, y de todas ellas, la más desconcertante era la palabra Peter.