Codal
nydus/Peter and WendyPublic
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V. La isla hecha realidad

Llevan tomahawks y cuchillos, y sus cuerpos desnudos relucen con pintura y aceite. Llevan colgadas al cuello cabelleras arrancadas, tanto de muchachos como de piratas, porque esta es la tribu de los Papaturris, y no debe confundirse con los más bondadosos de los Delawares o los Hurones. A la vanguardia, a gatas, va Gran Pequeño Pantera, un valiente con tantas cabelleras que en su postura actual estas le estorban un tanto el avance. Cerrando la marcha, el lugar de mayor peligro, viene Tigre Lirio, orgullosamente erguida, una princesa por derecho propio. Es la más hermosa de las Dianas morenas y la reina de los Papaturris; coqueta, fría y amorosa por turnos, no hay un solo valiente que no deseara por esposa a esa indómita criatura, pero ella ahuyenta el altar a hachazos. Observad cómo pasan sobre las ramitas caídas sin hacer el más mínimo ruido. El único sonido que se oye es su respiración algo agitada. El caso es que todos están un poco gordos ahora mismo tras el fuerte atracón, pero con el tiempo lo bajarán. Por el momento, sin embargo, eso constituye su principal peligro.

Los pieles rojas desaparecen como han venido, como sombras, y pronto su lugar es ocupado por las bestias, una gran y variopinta procesión: leones, tigres, osos, y las innumerables criaturas salvajes más pequeñas que huyen de ellos, pues toda clase de bestias, y, más en particular, todos los devoradores de hombres, viven codo con codo en la isla predilecta.

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