Esto los envaneció tanto que hicieron varias jugarretas para seguir despiertos aún más tiempo, como exigir vendas; pero Wendy, aunque exultante por tenerlos a todos de vuelta sanos y salvos, estaba escandalizada por lo avanzada de la hora, y gritó: «A la cama, a la cama», con una voz a la que había que obedecer. Al día siguiente, sin embargo, estuvo sumamente tierna y repartió vendas a todo el mundo; y jugaron hasta la hora de acostarse a cojear por ahí y a llevar los brazos en cabestrillo.
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IX. El Pájaro del Nunca Jamás
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