Codal
nydus/Peter and WendyPublic
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XVI. El regreso a casa

y que el señor y la señora Darling no salgan por la noche. No somos más que sirvientes. ¿Por qué diablos habrían de estar sus camas bien ventiladas, visto que las dejaron con tanta desagradecida prisa? ¿No les vendría de perlas si regresaran y descubrieran que sus padres estaban pasando el fin de semana en el campo? Sería la lección moral que llevan necesitando desde que los conocemos; pero si urdiéramos las cosas de este modo, la señora Darling jamás nos perdonaría.

Una cosa me gustaría hacer enormemente, y es decirle, al modo de los autores, que los niños van a volver, que en efecto estarán aquí el jueves de la semana que viene.

Esto arruinaría por completo la sorpresa que Wendy, John y Michael esperan con ilusión. Lo han estado planeando en el barco: el éxtasis de la madre, el grito de alegría del padre, el salto por los aires de Nana para abrazarlos primero, cuando para lo que deberían estar preparándose es para una buena tunda.

Qué delicioso sería arruinarlo todo dando la noticia por adelantado; de modo que, cuando entren majestuosamente, la señora Darling tal vez ni siquiera le ofrezca la boca a Wendy, y el señor Darling pueda exclamar con petulancia: «Maldita sea, otra vez están aquí esos chicos».

Sin embargo, no nos darían las gracias ni por esto. Ya empezamos a conocer a la señora Darling a estas alturas, y podemos estar seguros de que nos recriminaría por privar a los niños de su pequeña alegría.

“Pero, querida señora, faltan diez días para el jueves de la semana que viene; así que, diciéndole cómo están las cosas, podemos ahorrarle diez días de infelicidad”.

“Sí, ¡pero a qué precio! Privando a los niños de diez minutos de deleite”.

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