un soplo, y la más pequeña de todas gritó:
“Cave, Peter!”
Entonces Pedro supo que no había ni un momento que perder. —Venid —gritó imperioso, y se elevó de inmediato hacia la noche, seguido por John, Michael y Wendy.
El señor y la señora Darling y Nana entraron corriendo en la habitación de los niños demasiado tarde. Los pájaros habían volado.