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nydus/The Nature of a CrimePublic
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I. Roma

presa cede. No soy tan vanidoso como para creer que puedo arrastrarte, aterrorizado, en el torrente de mis confidencias. No poseo la fuerza elemental. Tal vez sea precisamente esa forma de «grandeza» de la que he carecido toda mi vida: esa cualidad profunda que los italianos llaman terribilità.

No hay nada avasallador ni terrible en la confesión de un amor demasiado grande para ser contenido en los límites de esa banalidad que es la salvaguarda de nuestra vida cotidiana.

Los hombres se han visto empujados al crimen por amor a un amor que les pertenecía. La llamada de toda gran pasión aboca a la transgresión.

Pero tu amor no era mío, y mi amor por ti estaba viciado por esa reverencia convencional que, en nueve partes de cada diez, es genuina, pero que en la décima restante constituye una solemne farsa tras la cual se ocultan todas las timideces de una humanidad que ya no está en su juventud.

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