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nydus/The Nature of a CrimePublic
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II

Anoche era muy tarde y me cansé, así que interrumpí mi carta. Quizá tenía verdadero miedo de volver a ver a aquel ratón. Esas menudas supersticiones son cosas curiosas. Noté, al mirar la numeración de estas páginas esta noche, que comencé a escribir en la decimotercera hoja⁠—y eso me produce una vaga insatisfacción.

Leí, a propósito, un párrafo en un periódico: trataba sobre autores medio locos. Uno de ellos, decía el escritor, era Zola; se afirmaba que estaba medio loco porque sumaba los números de la parte trasera de los carruajes que pasaban junto a él en la calle. Personalmente, yo hago eso una y otra vez⁠—y sé muy bien que lo hago para adormecer mi mente. Es una especie de narcótico.

Johnson, como sabemos, tocaba los postes de su calle en un determinado orden: eso también era para huir de los pensamientos miserables. Y todos sabemos cómo, de niños, hemos obedecido misteriosos impulsos para pisar las líneas entre las losas de la calle.⁠ ⁠…

Pero los niños tienen su futuro: es bueno que propicien al misterioso Omnipotente. En su época, también Johnson y Zola tuvieron su futuro. Era bueno que Johnson «tocara» contra la mala suerte; que Zola descansara su mente contra nuevos problemas. En mí es pura imbecilidad. Pues no tengo futuro.

¿Te resulta difícil de creer? Conoces a los Burden, por supuesto. Pero creo que no sabes que, durante los últimos nueve años, he administrado las haciendas de los Burden completamente solo. Los albaceas originales fuimos la vieja señora Burden y yo; pero hace nueve años la señora Burden me dio un poder y desde entonces he actuado en solitario. Fue justo antes de eso cuando había comprado las casas de Gordon Square: la

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