esto es un pensamiento: no una acción; un pensamiento compuesto por un número casi infinito de cálculos erróneos. Probablemente habéis olvidado que he fundado dos ciudades en la costa sur; ideado cuatro ferrocarriles en climas tropicales y uno en el oeste de Inglaterra; y abierto Dios sabe cuántas minas de un tipo u otro; y, a fe mía, yo también había olvidado estas cosas hasta que empecé a escarbar en mi mente. Y ahora voy hacia mi muerte sin importarme estas glorias en la medida en que son concretas. En ese sentido, mi muerte es total: es una solución. Pero, en la medida en que son mis refugios contra vosotros, siguen siendo problemas a los que, si mi fantasma ha de eludir vuestro asedio, debo volver una y otra vez.
En el morir me entrego a ti y así, para el ser íntimo de mi ser, la muerte no es un final sino el comienzo de quién sabe qué torturas. Es solo con la esperanza latente de que la muerte sea la negación de la conciencia que habré de quitarme la vida. Pues la muerte, aunque ciertamente no puede resolver ningún problema, puede al menos hacernos inconscientes de cómo, al final, el problema se resuelve por sí mismo.