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nydus/The Nature of a CrimePublic
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I. Roma

símbolo. Es un pequeño heraldo de la Providencia en la que no creo, de la Providencia que tú buscas obedecer de un modo tan implícito. Porque instintivamente tú crees en la Providencia, en Dios, si prefieres. Yo, del mismo modo instintivo, no creo. Intelectualmente, por supuesto, tú no crees en un Dios. Dices que le es imposible a la Razón aceptar a un Soberano; yo, que la Razón obliga a aceptar a un Soberano; que la Razón obliga a creer en un Gobernante Omnipotente, solo que yo soy incapaz de creer. Nosotros, querida mía, somos en nosotros mismos la evidencia de un diseño en la creación. Porque somos la última palabra de la creación. Ha requerido todos los esfuerzos, todos los dolores de parto de todas las edades evolucionar... a ti y a mí. Y, una vez evolucionados, estamos intelectualmente tan perfecta y divinamente formados para encajar el uno con el otro. Y físicamente también, ¿acaso no estamos divinamente destinados el uno para el otro? ¿Acaso no reaccionamos ante las mismas causas?, ¿acaso no deberíamos sobrevivir a las mismas penurias o sucumbir a las mismas tensiones? Desde que te has ido he salido en busca de gente —hombres, mujeres, niños, incluso animales— que pudiera captar mi atención por un minuto. No ha habido ni uno solo. Y ¿qué evidencia más pura de diseño podrías pedir que esa?

He hecho este pacto con la Providencia que defiendo, con la Providencia en cuya existencia no puedo creer: que si, de debajo del castillo de cajas de metal negro, el ratón reaparece y desafía a la muerte, entonces no hay estado futuro. Y, puesto que no encuentro expresión sino en ti, si no volvemos a unirnos ya no existiré. De modo que mi ratón es el signo, el arbitraje, un símbolo de vida eterna o el heraldo de la nada.

Te haré la confesión de que desde que esta ocurrencia, esta profunda verdad, ha entrado en mi mente, no he levantado los ojos del papel.

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