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nydus/The Nature of a CrimePublic
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Table of Contents

VIII

Habrás recibido el telegrama que te envié mucho antes de que te llegara el paquete de cartas: habrás recibido la nota que te escribí por el mismo correo que las cartas mismas. Si me he tomado estos tres días para mí antes de volverte a escribir ha sido porque he necesitado recuperar mi capacidad de pensar. Ahora, en cierto modo, la he recuperado⁠—y es de justicia decir que he dedicado todos mis pensamientos a cómo afecta la nueva situación a ti⁠—y a ti en tu relación conmigo.

Me pone en tus manos⁠—que eso quede escrito antes que nada. Has de decretar mi vida o mi muerte. Pues supongo que ahora ya jamás podremos volver a nuestra antigua posición: yo he hablado, tú me has oído hablar. La singular unidad, el silencio de nuestra antigua vida ha terminado para siempre. Quizá no haya razón para que esto no deba ser así: el silencio no es una parte necesaria de nuestra relación. Pero me ha parecido que constituía un vínculo bastante exquisito entre nosotros.

Debe ser —si he de seguir viviendo—, debe ser reemplazado por algún otro vínculo. En nuestro silencio nos ha parecido que hablábamos de todas las formas extrañas posibles: tal vez hemos leído los pensamientos del otro. He visto palabras formarse en tus labios. Pero ahora debes —no hay salida posible—, debes escribirme. Debes escribirme con detalle: todos tus pensamientos. Debes, como lo he hecho yo, encontrar el medio de la palabra, o ya no podré vivir.

¡Me han indultado!

No sé si, en mi nota para ti, te expliqué exactamente lo que había sucedido. Fue de este modo.

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