en la que vivo, la en la que vives tú y las otras siete. Bueno, hablando con propiedad, esas casas han sido compradas con dinero de los Burden, y todos mis cuadros, todos mis grabados, todos mis libros, mis muebles, mi reputación como conocedor, mi patronato en las dos obras benéficas—todo el yo que la gente envidia—ha sido comprado con el dinero de los Burden. Te aseguro que a veces me ha resultado una emocionante aventura. … Verás, a veces te he deseado tanto—tanto que el hacer malabares con las cuentas de los Burden ha sido un narcótico tan absorbente como lo era para Zola sumar los números en la parte trasera de los carruajes. Un trabajo corriente y moliente jamás habría retenido mis pensamientos.
Según el testamento del viejo Burden, el joven Edward Burden alcanza la mayoría de edad cuando cumple los veinticinco años o cuando se case con mi consentimiento.
Pues bien, cumplirá los veinticinco años y se casará el 5 de abril. Ese día, los abogados de su futura esposa examinarán mis cuentas. Se considera, ya comprende, un mero trámite. ¡Pero me divierte pensar en las caras de Coke y Coke cuando setopen con ciertas cifras!
Era una especie de forajido, ¿no?, ¿el que bailaba y cantaba bajo la horca? Me pregunto, ahora, qué clase de traidor, forajido o político taimado habría sido yo en la Edad Media. Es seguro que, salvo por este único detalle de la propiedad, sería verdaderamente ilustre.
Sin duda, el Estado llegará por fin a una época en la que ya no habrá ninguna propiedad. Nací antes de mi tiempo.
Porque es cierto que soy ilustre, salvo en ese único aspecto. Hoy el joven Edward Burden vino aquí a la oficina a presentarme a su prometida. Observa que la he robado. La propiedad de los Burden está realmente quebrada. Vinieron, esta brillante joven pareja, a recibir un cheque de mi parte con el cual comprar un automóvil. Van a probar varios coches en