un juego sumamente difícil simplemente porque santificaba nuestro amor. Pues, al fin y al cabo, la santificación surge de las dificultades. Bien, nos hemos abierto paso con gran estrechez y hemos angostado tanto la puerta de entrada que ha desaparecido por completo. Nunca hemos tenido ninguna esperanza de hallar una solución que nos hubiera satisfecho. Si nos hubiera importado romper las reglas del juego, supongo que habríamos podido hacerlo con bastante facilidad, y nos habría resultado tanto más fácil cuanto que ni tú ni yo suscribimos jamás dichas reglas. Si no lo hemos hecho ha sido, creo yo, simplemente porque buscábamos la dificultad que santifica.
¿Ha sido un procedimiento muy estúpido? Estoy de lo más indeciso. Pues no es como para estar muy orgulloso de ello: poder decir que, durante toda una vida, uno se ha abstenido de aquello que más deseaba. Por otra parte, hemos ganado una partida extraña y difícil. Bueno, así son las cosas, y ahí está su legado. No creo que me quede nada más sobre lo que escribir.