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nydus/The Nature of a CrimePublic
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I. Roma

He sido de mi tiempo⁠—enteramente de mi tiempo⁠—, falto de valor para dar un sopapo, como un pájaro que respeta un espantapájaros andrajoso y sin nervio. Enteramente un hombre de mi tiempo. Fíjate en que no digo «nuestro tiempo». Tú eres de todo tiempo⁠—tú eres la amada Mujer del primer grito que rompió el silencio y del último canto que marcará el fin de este ingenioso mundo al que se le han dado el amor y el sufrimiento, pero que ha inventado para sí mismo, en el curso de los siglos, todas las virtudes y todos los crímenes. Y siendo de este mundo y de mi tiempo, me he propuesto tratar ingeniosamente con mi sufrimiento y mi amor.

Ahora todo ha terminado⁠—incluso los remordimientos. De las cosas finitas no queda nada sino unos pocos días de vida y mi confesión que hacerte⁠—a ti sola en todo el mundo.

Es difícil. ¿Cómo he de empezar? ¿Lo creerías⁠—cada vez que salía de tu presencia era con el deseo, con la necesidad de olvidarte. ¿Lo creerías?

Este es el gran secreto⁠: el corazón de mi confesión. La distancia no contaba. Ningún muro podía ponerme a salvo. Ninguna soledad podía defenderme; y, al no tener fe en los consuelos de la eternidad, sufrí demasiado cruelmente por tu ausencia.

Si hubiera habido reinos que conquistar, una cruzada que predicar⁠—pero no. No habría tenido el valor de ir más allá del sonido de tu voz. ¡Podrías haberme llamado en cualquier momento! Jamás lo hiciste. Jamás. Y ahora es demasiado tarde.

Además, soy un hombre de mi tiempo, y el tiempo no es de grandes hazañas, sino de especulaciones colosales. Los momentos en que no estaba contigo había que pasarlos de algún modo. No me atrevía a afrontarlos con las manos vacías no fuera a enloquecer por el puro sufrimiento y a empezar a maldecirte.

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