Esas Fueron las Verdaderas Conquistas
Habíamos imaginado que nuestros perseguidores, los hombres simio, no sabían nada de nuestro escondite entre la maleza, pero pronto íbamos a descubrir nuestro error. No había un solo ruido en el bosque—ni una hoja se movía en los árboles y todo era paz a nuestro alrededor—, pero nuestra primera experiencia debió habernos advertido de cuán astuta y pacientemente estas criaturas pueden vigilar y esperar hasta que llega su oportunidad. Fuera cual fuese el destino que me reservara la vida, estoy muy seguro de que jamás volveré a estar tan cerca de la muerte como lo estuve aquella mañana. Pero os contaré lo sucedido en su debido orden.
Todos nos despertamos exhaustos después de las terribles emociones y la escasa comida de ayer. Summerlee seguía tan débil que le costaba un esfuerzo mantenerse en pie; pero el viejo estaba lleno de una especie de valor hosco que jamás admitía la derrota. Celebramos consejo y acordamos que esperaríamos tranquilamente una hora o dos donde estábamos, tomaríamos nuestro tan necesario desayuno y luego nos abriríamos paso a través de la meseta y alrededor del lago central hasta las cuevas donde, según me habían mostrado mis observaciones, vivían los indios. Confiábamos en el hecho de que