ellos antes de que pudieran seranceados con lanzas. Sus espantosos golpes hacían añicos todo aquello sobre lo que caían. Uno de ellos redujo el rifle de Summerlee a astillas y el siguiente le habría aplastado el cráneo si un indio no hubiera apuñalado a la bestia en el corazón. Otros hombres simio en los árboles sobre nosotros arrojaban piedras y troncos de madera, dejándose caer ocasionalmente en cuerpo sobre nuestras filas y luchando furiosamente hasta que eran abatidos. Una vez nuestros aliados cedieron bajo la presión, y de no ser por la matanza causada por nuestros rifles, sin duda habrían huido despavoridos. Pero fueron reagrupados valientemente por su viejo jefe y avanzaron con tal ímpetu que los hombres simio empezaron a su vez a ceder terreno. Summerlee estaba sin armas, pero yo estaba vaciando mi cargador tan rápido como podía disparar, y en el flanco más alejado oíamos el continuo chisporroteo de los rifles de nuestro compañero.
Entonces, en un instante, se produjo el pánico y el colapso. Gritando y aullando, las grandes criaturas huyeron en todas direcciones a través de la maleza, mientras nuestros aliados bramaban con su salvaje deleite, persiguiendo velozmente a sus enemigos en fuga. Todas las enemistades de incontables generaciones, todos los odios y crueldades de su reducida historia, todos los recuerdos de malos tratos y persecuciones debían ser purgados aquel día. Por fin el hombre iba a ser supremo y el hombre-bestia encontraría para siempre su lugar asignado. Por mucho que huyeran, los fugitivos eran demasiado lentos para escapar de los ágiles salvajes, y por todas partes, en los enmarañados bosques, oíamos los gritos jubilosos, el resonar de los arcos y el estruendo y el sordo golpe con que los hombres simio eran abatidos de sus escondites en los árboles.
Iba siguiendo a los demás, cuando descubrí que Lord John y Challenger se habían cruzado para unirse a nosotros.
—Se acabó —dijo Lord John—. Creo que podemos dejarles el trabajo de limpieza a ellos. Quizás cuanto menos veamos de esto, mejor dormiremos.