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nydus/The Jungle BookPublic
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The White Seal

corría una historia por las playas de que algún día un lobo marino blanco vendría del norte y guiaría al pueblo de los lobos marinos hacia un lugar tranquilo. Soy viejo y jamás llegaré a ver ese día, pero otros lo harán. Inténtalo una vez

Y Kotick se afeitó el bigote (era una preciosidad), y dijo:

«Soy el único foca blanca que ha nacido jamás en las playas, y soy el único foca, negro o blanco, que jamás ha pensado en buscar nuevas islas».

Eso lo animó muchísimo; y cuando volvió a Novastoshnah aquel verano, Matkah, su madre, le rogó que se casara y formara un hogar, pues ya no era un holluschick, sino un lobo marino adulto, con una melena blanca y rizada sobre los hombros, tan pesado, tan grande y tan fiero como su padre.

—Dame otra temporada —dijo—. Recuerda, madre, que siempre es la séptima ola la que llega más lejos en la playa.

Curiosamente, había otra foca que pensaba posponer su matrimonio hasta el año siguiente, y Kotick bailó con ella la danza del Fuego a todo lo largo de la playa de Lukannon la noche antes de emprender su última exploración.

Esta vez se dirigió hacia el oeste, porque había dado con el rastro de un gran banco de fletanes, y necesitaba al menos cien libras de pescado al día para mantenerse en buena forma. Los persiguió hasta que se cansó, y luego se acurrucó y se durmió sobre los senos de la marejada que entra hacia la isla Cobre. Conocía la costa a la perfección, así que hacia la medianoche, al sentir que chocaba suavemente contra un lecho de algas, dijo: «Mm, la marea

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