de escuadrones y ved El paso del corcel de guerra al son de «Bonnie Dundee»! Mulas de cañón desmontable Mientras mi comparsa y yo trepábamos por una colina, El sendero se perdía entre piedras rodantes, pero seguimos adelante; ¡Pues sabemos serpentear y trepar, muchachos, y aparecemos por doquier, Y es nuestro deleite en las alturas de la montaña, con una pata o dos de sobra! ¡Buena suerte a todo sargento que nos deja elegir el camino; Mala suerte a todo arriero que no sabe cargar un bulto: Pues sabemos serpentear y trepar, muchachos, y aparecemos por doquier, Y es nuestro deleite en las alturas de la montaña con una pata o dos de sobra! Camellos de intendencia No tenemos una tonada camelluna propia Para ayudarnos a trotar con desdén, Pero cada cuello es un trombón peludo ( ¡Rtt-ta-ta-ta! ¡es un trombón peludo! ) Y esta es nuestra canción de marcha: ¡No puedo! ¡No debes! ¡No quiero! ¡No lo haré! ¡Pásalo por toda la línea! El fardo de alguien se ha deslizado de su lomo, ¡Ojalá fuera solo el mío! La carga de alguien se ha caído en el camino— ¡Aclamad una parada y una bronca! ¡Urrr! ¡Yarrh! ¡Grr! ¡Arrh! ¡A alguien le están dando su merecido ahora! Todas las bestias juntas Hijos del campamento somos, Sirviendo cada cual en su medida; Hijos del yugo y la picana, Morral y arnés, albarda y carga. Ved nuestra línea cruzando la llanura, Como una soga de atar talones doblada de nuevo. Alcanzando, retorciéndose, rodando a lo lejos, ¡Arrasando con todo hacia la guerra! Mientras los hombres que caminan al lado, Polvorientos, silenciosos, de ojos pesados, No saben por qué nosotros o ellos Marchamos y sufrimos día tras día. Hijos del campamento somos, Sirviendo cada cual en su medida; Hijos del yugo y la picana, Morral y arnés, albarda y
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Los servidores de Su Majestad
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