“De vez en cuando, tal vez, una silla mal puesta desquicie a una mula, pero es muy raro. Ojalá pudiera mostrarte nuestro negocio. Es hermoso. Vaya, me llevó tres años descubrir qué pretendían los hombres. La ciencia del asunto consiste en no recortarse jamás contra el horizonte, porque, si lo haces, es probable que te disparen. > Recuérdalo, muchacho. Mantente siempre lo más oculto posible, aunque tengas que dar un rodeo de una milla. Yo encabezo la batería cuando se trata de esa clase de
“¡Que le disparen a uno sin la oportunidad de lanzarse contra los que están disparando!”, dijo el caballo de tropa, pensando con intensidad. “Yo no podría soportar eso. Querría cargar, junto con Dick”.
“Oh no, you wouldn’t; you know that as soon as the guns are in position they’ll do all the charging. That’s scientific and neat; but knives—pah!”
El camello de carga llevaba un buen rato cabeceando de aquí para allá, deseoso de meter baza. Entonces le oí decir, mientras se aclaraba la garganta, con nerviosismo:
“Y—y—yo he luchado un poco, pero no de esa manera de escalar o esa manera de correr”.
—No. Ahora que lo mencionas —dijo Billy—, no parece que estuvieras hecho para escalar o correr... mucho. Bueno, ¿cómo fue, viejo Pacas-de-heno?
“La forma correcta”, dijo el camello. “Todos nos sentamos—”
—¡Válgame mi baticola y mi petral! —dijo el caballo de tropa entre dientes—. ¿Se sentó?
“Nos sentamos —éramos un centenar— —continuó el camello— en una gran plaza, y los hombres amontonaron nuestras cargas y sillas de montar