me atrevo a formular tal contradicción, nada de egoísmo. Se había lavado totalmente las manos del problema, y este se había vuelto nuestro.
—Pensé —sugirió, como para sacarnos del paso de buen talón—, que al ser partes en un pleito de la Cancillería relativo a (como suele decirse) una gran cantidad de bienes, el señor Richard o su hermosa prima, o ambos, ¿podrían firmar algo, o ceder algo, o dar algún tipo de compromiso, o prenda, u obligación? No sé cuál sea el término técnico comercial de la cosa, pero supongo que habrá algún instrumento legal a su alcance que arreglaría esto.
—Ni un ápice —dijo el hombre extraño.
—¿De veras? —replicó el señor Skimpole—. ¡Eso le parece extraño a uno, ahora, que no entiende de estas cosas!
—«Pares o nones —dijo el desconocido con brusquedad—, te digo que ni pizca