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nydus/Bleak HousePublic
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XXIV. Un caso de apelación

montones, y pilas, y sacos y sacos llenos de papeles.

Creo que vino a colación «para más instrucciones»⁠—sobre alguna tasación de costas, según tengo entendido, lo cual ya era bastante confuso. Pero conté veintitrés caballeros con peluca que dijeron estar «en el asunto», y ninguno de ellos pareció entenderlo mucho mejor que yo. Estuvieron charlando sobre el tema con el Lord Canciller, se contradijeron y se explicaron entre ellos, y algunos dijeron que era de esta manera, y otros que era de aquella otra, y algunos propusieron jocosamente leer enormes volúmenes de declaraciones juradas, y hubo más zumbidos y risas, y todos los implicados se encontraban en un estado de entretenimiento ocioso, y nadie pudo sacar nada en claro. Tras una hora más o menos de esto, y de que se iniciaran y truncaran bastantes discursos, el asunto «se devolvió para su estudio por el momento», como dijo el señor Kenge, y los documentos volvieron a atarse en paquetes antes de que los dependientes hubieran terminado de acarrearlos.

Miré a Richard al término de aquellos desesperados trámites y me sorprendió ver el aspecto ajado de su apuesto rostro joven. «No puede durar para siempre, Dame Durden. ¡Más suerte la próxima vez!», fue todo lo que dijo.

Había visto al señor Guppy traer papeles y ordenarlos para el señor Kenge; y él me había visto y me había hecho una reverencia desolada, lo que me dio deseos de salir del tribunal. Richard me había tomado del brazo y se disponía a sacarme de allí cuando se acercó el señor Guppy.

“Le ruego me disculpe, mister Carstone —dijo en un susurro—, y a la señorita Summerson también, pero hay aquí una señora, amiga mía,

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