El deseo de algún tipo de superioridad es común a casi todos los hombres enérgicos. Ningún sistema social que intente sofocarlo podrá ser estable, ya que la mayoría perezosa nunca podrá igualar a la minoría enérgica.
Lo que se llama «virtud» es un desprendimiento de la vanidad: es el hábito de actuar de un modo que los demás elogian.
El funcionamiento de las condiciones materiales puede ilustrarse mediante la afirmación (en la obra Dawn of History, de Myers) de que cuatro de los mayores movimientos de conquista se debieron a la sequía en Arabia, lo cual hizo que los nómadas de ese país emigraran a regiones ya habitadas. El último de estos cuatro movimientos fue el auge del islam. En estos cuatro casos, la necesidad primordial de comida y bebida bastó para poner los acontecimientos en marcha; pero como esta necesidad solo podía satisfacerse mediante la conquista, las cuatro pasiones secundarias debieron de entrar en juego muy pronto.
En las conquistas del industrialismo moderno, las pasiones secundarias han predominado casi por completo, ya que quienes las dirigían no tenían necesidad de temer el hambre o la sed. Es la potencia de la vanidad y del afán de poder lo que da esperanza al futuro industrial de la Rusia soviética, ya que permite al Estado comunista alistar a su servicio a hombres cuyas capacidades les proporcionarían una enorme riqueza en una sociedad capitalista.
La inteligencia modifica profundamente el funcionamiento de las condiciones materiales. Cuando América fue descubierta por primera vez, los hombres solo deseaban oro y plata; en consecuencia, las zonas que se poblaron primero no son las que hoy resultan más rentables. El proceso Bessemer creó la industria del hierro y del acero en Alemania; los inventos que requieren petróleo han generado una demanda de dicho