Que el comunismo, cuando y dondequiera que sea adoptado, tendrá que empezar combatiendo a la burguesía, es altamente probable. La cuestión importante no es si ha de haber lucha, sino cuánto durará y cuán severa será. Una guerra corta, en la que el comunismo obtuviera una victoria rápida y fácil, causaría poco daño. Son las guerras largas, cruentas y dudosas las que deben evitarse si ha de sobrevivir algo de lo que hace que el comunismo sea deseable.
De esta conclusión se desprenden dos consecuencias prácticas:
- primera, que nada puede tener éxito hasta que América sea convertida al comunismo, o al menos esté dispuesta a permanecer neutral;
- segunda, que es un error intentar inaugurar el comunismo en un país donde la mayoría es hostil, o más bien, donde los oponentes activos son tan fuertes como los partidarios activos, porque en tal estado de opinión es probable que se desencadene una guerra civil muy cruenta.
Es necesario contar con un gran cuerpo de opinión favorable al comunismo, y una oposición más bien débil, antes de que se pueda instaurar un Estado comunista verdaderamente exitoso, ya sea mediante una revolución o por métodos más o menos constitucionales.
Se puede suponer que, cuando el comunismo sea implantado por primera vez, el personal técnico y empresarial superior se pondrá del lado de los capitalistas e intentará el sabotaje a menos que pierda toda esperanza de contrarrevolución. Por esta razón, es muy necesario que entre los asalariados haya una difusión lo más amplia posible de la educación técnica y empresarial, para que puedan tomar inmediatamente el control de las grandes y complejas industrias.